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14 Mayo 2007

LA BIOÉTICA: DEFINICIÓN Y CORRIENTES ACTUALES

(Adaptación del artículo "La Bioética: definición y concepto. Origen y contenidos" escrito por Luis Miguel Pastor García, Director del Master de Bioética de la Universidad de Murcia)

DEFINICIONES.-

El término bioética fue utilizado por primera vez en 1971 por Van Rennsselaer Potter en su libro Bioethics: bridge to the future. Para Potter es evidente que existe una inquietud entre los hombres ante las posibles consecuencias negativas del desarrollo científico y hay que discernir entre la posibilidad técnica y la licitud ética, a través de la adquisición de una sabiduría que lo permita. Para Potter ésta es la bioética, entendida por él como la parte de la biología que se ocupa de emplear los recursos de las ciencias biológicas de modo que se obtengan, con su uso correcto, una mejor calidad de vida.

La Encyclopedia of Bioethics de Reich (1978), considera la bioética como una ética de las ciencias de la salud, que abarca los problemas de los profesionales de la salud, los que emergen en la investigación científica, aunque no sean directamente terapéuticos, o los que surgen en las políticas sanitarias, o en el equilibrio del ecosistema, definiendo la bioética como una ciencia que identifica los valores y principios que orientan la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la recuperación de la salud.

CORRIENTES EN BIOETICA.-

1) Bioéticas de signo sociobiológico.

Esta corriente propugna una ética basada en el evolucionismo. Los valores de una sociedad se entroncan con los de un determinado grupo social, en un determinado momento de la historia, con la característica de que ese grupo social constituye la respuesta de los individuos que mejor ha seleccionado el ambiente. El ethos de una sociedad es un producto de la selección natural y de los genes mejor adaptados. Este tipo de planteamiento lleva a considerar como correcto éticamente lo que favorezca biológicamente la evolución de la especie, con lo que nos encontramos ante un especiecismo, donde el individuo es sacrificado en aras del conjunto biológico. Las aplicaciones en el orden de los principios, normas o juicios prácticos no están muy desarrolladas en esta corriente, pero en principio, la prioridad de la especie sobre el individuo y la coincidencia de la evolución con los valores dominantes en una sociedad, llevan a identificar, los comportamientos vigentes con el proceso evolutivo del cuál extraerían justificación dichos valores dominantes.

2) Bioética de modelo liberal-radical, no-cognotivista.

En este caso se afirma que la verdad ética no coincide con la costumbre, ni con las situaciones de hecho de las cuales no se puede pasar a juicios de valor, pero tampoco se afirma que la verdad ética pueda ser conocida. La fundamentación, no se encuentra pues en el conocimiento sino en la voluntad del sujeto que en muchas ocasiones tiende a confundirse en esta orientación con los deseos. Los valores no son deducibles de la realidad sino originados por el sujeto. La referencia última ética es la libertad, y el hombre se convierte en mesurante de la realidad. Es lícito, dentro de este modelo, todo aquello que libremente sea querido o, dicho de otra manera, libremente aceptado y que no lesione la libertad de otros. Esta postura está desequilibrada hacia un subjetivismo radical que lleva consigo que la opción ética no tenga otra justificación que las propias motivaciones personales. La realidad es medida por la propia conciencia que no responde ante nadie. Es una libertad sin una finalidad o contenido, que hace y deshace a su antojo y donde, junto a ella, no existe una naturaleza humana sino más bien un material sobre el cual trabaja la libertad, dotando de esencia al existir concreto de cada hombre. Según esto, lo importante son las decisiones -la voluntad- pues "el juicio moral es un juicio, en último término, subjetivo: se puede argumentar sobre la coherencia lógica, pero el fundamento de la elección moral es irracional. De aquí la afirmación de la absoluta prioridad de la autonomía, entendida como libre arbitrio individual. Lalicitud de todo tipo de aborto por deseo de la mujer, selección del sexo querido para el niño por concebir ,cambio de sexo personal o libertad para decidir el momento de la muerte, serían ejemplos de acciones justificadas desde esta postura

3) Neoutilitarismo y contractualismo.
Se trata de una ética pragmática y mensurable. La verdad ética no puede ser tampoco alcanzada por la razón, pero sí es posible realizar un cálculo de valor cuyo criterio ético es la utilidad social, o sea, la maximización del placer y la minimalización de lo desagradable para el mayor número de individuos. El valor por antonomasia es la calidad de vida que se contrapone en muchas ocasiones hasta contra la propia vida. Se trata del cálculo de la relación coste/beneficios, traspuesto al nivel social y colectivo. Este cálculo puede realizarse siguiendo dos versiones, una que busca la universalización del hedonismo, intentando calcular la felicidad que produce un determinado acto en el mayor numero de sujetos y otra denominada utilitarismo de la norma, en la que los actos son medidos en relación a las consecuencias que se producen y en relación a unas normas o principios del actuar. No se trata simplemente en cada acto de buscar la maximización del placer, sino de obedecer una norma que generalmente aunque en ese caso no ocurra, si se aplica, conlleva la maximización del placer para el mayor numero de individuos. El punto de partida, pues, es el útil social no el individual, siempre, claro está, desde una perspectiva teleologica que basa la licitud en las buenas consecuencias. Es evidente que el cálculo de lo útil social es muy difícil. De hecho, ésta es la gran dificultad de todo sistema teleológico o consecuencionalista de la ética. "¿Cómo es posible preveer todas las posibilidades que son consecuencias de un acto y, sobre todo, calcular cuál es el interés colectivo en juego garantizando para todos una misma utilidad?".

Los puntos flacos de esta bioética están relacionados por un lado, con los abusos fácticos que se producen, injusticias objetivas, en aquellos que quedan fuera del contrato. Esto sucede por el hecho sencillo de que este sistema no reconoce una objetiva condición de dignidad o inviolabilidad del ser humano, con unos derechos que son independientes de acuerdos o consensos. Así, los sujetos que no tienen capacidad para el acuerdo contractual son discriminados y no respetados. Si se tiene en cuenta que para poder tener capacidad de estipular un acuerdo se requiere capacidad de autodeterminación y de ejercicio racional, algunos seres humanos como los embriones, los discapacitados, las personas en coma etc, en cuanto que no tienen esa capacidad quedan excluidos, porque sólo son respetados los sujetos autónomos.

4) Bioética de los principios.

El denominado principialismo, nacido en Estados Unidos como modelo conciliador entre las diversas corrientes bioéticas,aspira a ser el instrumento básico de decisiones éticas en la clínica. Se trata de preceptos éticos relativos a la acción ética en sí misma sin relación a las consecuencias. En el intento de esta corriente se pretende reducir el subjetivismo de las anteriores haciendo intervenir en las valoraciones éticas algunos principios de la acción que tengan un valor en sí mismo, pero con algunas matizaciones. En concreto la deontología en la que se basan es la denominada deontología pluralista. Esta admite unos pocos deberes denominados "prima facie" que deben ser aplicados después de sopesarlos o calcularlos en función de las circunstancias concretas, a fin de elegir el deber o principio de ellos que emerge con fuerza u obligatoriedad en esa situación. Son, por lo tanto, unos deberes no absolutos, que admiten excepciones y que preceden a los otros principios cuando se sopesan con ellos en unas circunstancias concretas. Los deberes prima facie deben ser tenidos en cuenta en el cálculo de la felicidad global. Se podría decir que el útil colectivo se fundaría en un vínculo deontológico y el cálculo de felicidad se obligaría a los deberes prima facie.

Según la clasificación de Beauchamp and Childress los principios son:

a) Principio de no maleficencia. Este se refiere a la inocuidad de la medicina, y procede de la ética médica hipocrática ("primum non nocere"). En la praxis hay que evitar hacer daño. En términos éticos, en la relación sanitario-paciente no producir lesiones en la integridad del paciente que no sean las estrictamente terapéuticas.

b) Principio de beneficencia. Se debe pretender que la actuación del profesional sanitario sea beneficiosa para su paciente. Hay que obrar buscando el bien del enfermo en términos terapéuticos. Este principio habría regido la medicina durante muchos siglos (con raigambre hipocrática) y tiene su expresión ética y complementaria con el anterior en la expresión de "hacer el bien y evitar el mal". La utilización a ultranza de este principio -su abuso- por el personal sanitario, como ya indicamos, es para ciertos autores la causa de un paternalismo médico que se volvió contra los enfermos con el crecimiento tecnológico de las ciencias biomédicas y la experimentación incontrolada de los científicos.

c) El Principio de justicia. Exige tratar a todas las personas con la misma consideración sin hacer discriminaciones por algún o ningún motivo, no sólo de raza o ideología sino tampoco por razones de edad, inteligencia, nivel sociocultural, comportamiento, etc. Además hay que tener en cuenta que la vida y la salud no son solamente bienes personales, sino también sociales; cada persona debe ocuparse de la salud de los demás junto con la suya. Este principio hace referencia asímismo al bien desde el punto de vista de la sociedad, considerando la limitación de los recursos y los posibles daños a terceras personas (los de beneficencia y autonomía se refieren al bien desde la perspectiva del profesional o del paciente).

d) El Principio de autonomía. Este principio, de carácter liberal-radical, pone énfasis en que en la relación enfermo-sanitario la prioridad en la toma de decisiones sobre la enfermedad es la del paciente, que decide lo que es conveniente para él, durante dicho proceso. Esta toma de decisiones es un derecho que para ser ejercido requiere una información adecuada. El consentimiento a cualquier intervención en un sujeto capaz tiene que darla el paciente, para lo cual el médico debe recabar dicho consentimiento habiendo informado adecuadamente. Dicha práctica es el consentimiento informado. Para algunos autores, estos principios y dentro de una estructura descriptiva no ontológica, se podría hablar de unos principios que estarían a nivel universal como los de no-maleficencia y justicia, pues son presupuestos básicos de la relación entre profesional sanitario y paciente, es decir, previos a ella, y por tanto no dependen de su voluntad. Y los otros dos se encontrarían a nivel particular (beneficencia y autonomía) pues son los elementos que constituyen la relación entre el profesional y el paciente.

A mi modo de ver, la ética se funda siempre en un impulso hacia el bien y no en una actitud de negatividad o de no hacer determinados actos. La beneficencia entendida como un hacer el bien de forma integral al sujeto y respetando su libertad (consentimiento implícito y explícito) como luego veremos y como algunos reivindican hoy, no puede dejar de ser el primer elemento del encuentro entre un ser debilitado por la enfermedad que es acogido por el personal sanitario de forma incondicionada y de respeto absoluto a su realidad de ser humano. No hay que olvidar que primero es hacer el bien y luego evitar el mal y que tanto uno como otro se miden por el bien que se deja de hacer o del que se priva voluntariamente o el bien que se conserva al no hacer el mal.

Esta corriente ha tenido una notable difusión, hablándose de ella como paradigmática frente a otras corrientes críticas surgidas dentro de los Estados Unidos, que resaltan toda una serie de anomalías que hacen difícilmente asumible lo que en un principio se presentó como la ética clínica asumible por todos.

El primer punto débil que ponen muchos autores en esta corriente es la falta de una teoría antropológica y ontológica o concepción de la realidad que justifique los principios. Los mismos autores, Beauchamp y Childress, indican que los principios bioéticos deben ser justificados por una determinada comprensión del mundo y del hombre, pero se quedan en esa observación sin sacar consecuencias. De esta forma, sus enunciados "se encuentran como suspendidos en el aire, sin un apoyo riguroso sobre la realidad y, sobre todo, no poseen un criterio claro y objetivo para establecer algún tipo de jerarquía entre esos cuatro principios y resolver los frecuentes y difíciles conflictos que suelen producirse entre ellos". Los principios se tornan estériles, confusos y vagos, pues dentro de este esquema es muy difícil determinar qué es beneficencia o autonomía o no maleficencia, cuando la corriente bioética rechaza preguntarse y contestarse a sí misma sobre la que es la realidad sobre la cual interviene: la vida humana. ¿Cómo puedo jerarquizar unos principios, si no sé que tipo de valor tiene la realidad sobre la que actuo, o evito contestarme tal pregunta?.

Un segundo punto debil e importante es la incompatibilidad de base entre posiciones utilitaristas de carácter consecuencionalista y las de tipo deontologista. La unificación hecha por esta corriente es una yuxtaposición que es balanceada en un sentido u otro según un autor sea más utilitarista o prevalentemente deontologista. Este hecho pone de manifiesto lo que hemos indicado antes, la falta de una teoría que unifique y sistematice y conecte los principios de forma integrada y armónica, de tal forma que no origine soluciones diversas y además contradictorias entre sí según quien utilice este sistema. Los principios se convierten en una colección de máximas que generan conflictos, sirve bien para localizarlos pero no para solucionarlos. Por último, la bioética de los principios es encorsetante de la rica experiencia ética, intentando reducirla a un esquematismo donde se elimina la espontaneidad de la experiencia moral.


5)Bioética de la virtud.

En el último decenio, en Estados Unidos, ha surgido una reacción contra el paradigma de la bioética de los principios caracterizado por el intento de recuperar la virtud aristotélica. La bioética derivada de esta meta-bioética pone énfasis en la experiencia del agente moral, sus motivaciones y sus disposiciones para obrar. En esta corriente la pregunta fundamental es: ¿qué tipo de persona debo ser? ¿como me debo comportar para hacer el bien y ser mejor? Se trata de hacer hincapié en que la finalidad de la ética no es conocer el bien sino sobre todo la de ser bueno y hacer el bien. Dentro de este hacer el bien es necesario una serie de disposiciones o actitudes que inclinan en la toma de decisiones proporcionando una connaturalidad con el bien que se refuerza en cada nueva decisión. Esta corriente no es una novedad dentro de la ética profesional y en particular en las de tipo sanitario donde para la actividad de curar o cuidar son necesarias estas cualidades permanentes que facilitan y disponen a querer actuar bien y a hacerlo con eficacia. Además,la relación sanitario-enfermo es de tal entidad que más que confiar en sus derechos, el enfermo debe confiar en la persona del sanitario y sus cualidades técnicas y humanas. El bien del paciente es el objetivo del acto sanitario y esto requiere: empatía, honestidad, ciencia, compasión, etc.

Sin embargo, a mi modo de ver, ésta bioética basada en la virtud tiene también déficits importantes. En lo positivo estaría el hacer más hincapié en la calidad moral del sujeto que actúa y sus intenciones que en las consecuencias o el deber. Esto hace que ésta ética considere la elección como secundaria a la calidad moral del sujeto, a la inversa que en la de los principios donde lo que cuenta son los dilemas y las posibles alternativas a tomar. También es positivo el que la ética de la virtud está en disposición de dar una respuesta más vital y rica ante la pluralidad de situaciones concretas (circunstancias) en las que puede encontrarse el sujeto moral. En contraposición a los principios, más que un continuo ejercicio de razonamiento lo que se requiere es un empeño constante en la praxis de la virtud, en la adquisición de un buen carácter, en el que queda implicado toda la persona. Pero como hemos dicho, esta postura tiene sus límites, y en concreto, requiere una ampliación que la sustraiga de caer en un voluntarismo cerrado en sí mismo. En concreto, no existe un claro refirimiento a una teoría del bien y al deber y por lo tanto a la naturaleza humana que lo sustenta. Para ser virtuoso y hacer el bien es necesario conocer el bien al que hay que tender, que conlleva a la larga, por repetición de actos, la instauración de la disposición o habilidad hacia ese bien. La categoría de virtud es necesaria para la bioética pero requiere ser completada con una fundamentación anterior, de la cual se desprenden cuáles deben ser la virtudes a ejercitar y la jerarquía entre ellas. Además, como ya se entrevé, ante los dilemas y conflictos éticos no existe por parte de esta bioética una oferta de una guía clara y concreta para resolver los problemas, creando desconcierto y disparidad de criterios que pueden generar agravios comparativos e injusticias, pues no existe una clara jerarquización de bienes a elegir según unos principios. Amplificada esta teoría puede llevar a una postura individualista, dentro de los profesionales sanitarios.

6) Bioética personalista

De lo indicado, es necesario, por un lado, buscar un modelo de integración de ambos momentos, el especulativo y el práctico y, además, buscar una corriente que fundamente antropológicamente un mínimo de valores que por su objetividad se transformen en universalizables para todos. En esta línea se encuentra la última de las corrientes que voy a comentar: la propuesta de la bioética personalista.

Del análisis anterior se podría concluir, en términos generales, que la tentativa de fundamentar la moral en un horizonte filosófico inmanente comporta, sobre el plano aplicativo en bioética salidas fuertemente discriminantes y reduccionistas. El valor de la vida es reconocido sólo a condición de que se favorezca la evolución de la especie (para el sociobiologismo), o bien se manifiesta empíricamente por lo menos en la capacidad de sentir placer y dolor (para el utilitarismo), o la capacidad racional-volitiva de tomar una decisión (para el sistema liberal-radical), o de estipular un contrato para acceder a la comunidad moral (contractualismo). La vida humana no es respetada de forma integral, siendo subordinada por algunos a la supervivencia de la especie o a la presencia factica de diversas funciones operativas. De esta forma, no todos los seres humanos son personas, y se produce por alguna instancia una discriminación por la cual se crean subespecies de seres humanos que al no ser considerados persona no participan de su inviolabilidad. Además existe un problema de integración entre los paradigmas de la virtud y los principios, una tensión no resuelta.

Para afrontar ambas cuestiones la bioética personalista se apoya en una antropología y una teoría del acto moral que hacen derivar de ella unos principios generales de bioética asumiendo en ellos el papel de la virtud, en la formación y consolidación de la conciencia ética. Haciendo un pequeño resumen se podrían indicar los siguientes presupuestos:

a) La virtud no debe excluir a los principios; es posible instaurar un equilibrio interno entre ésta y el deber. Se requieren unos principios, para un momento especulativo, en el que se elabora el juicio intelectual ético y una aplicación práctica, al aquí ahora, a través de una virtud. Todo ello mediado por la cualidad de la prudencia que participa de ambos instantes. El juicio práctico especulativo tiene una función directiva del comportamiento en general y del acto en particular, pero éste es especificado en el juicio último de conciencia, en las circunstancias concretas, mediante las virtudes. La virtud guía el juicio último práctico y guía la realización de la acción sobre todo a través de la prudencia que conociendo lo bueno lo quiere y lo hace ser o lo pone en existencia. En última instancia se realiza la aplicación de los principios a la situación particular. En este modelo, la virtud es una disposición que actúa en conformidad con las obligaciones éticas de los principios que en este caso si que tienen una jerarquía y un valor objetivo.

b) La bioética tiene que estar centrada en la persona humana, porque es el objeto principal de la biomedicina tanto en el aspecto de investigación básica o aplicada o en la clínica en general. De esta forma, la propuesta personalista se apoya en una antropología en la que la persona humana, como ya indicamos se entiende como un ser que es más que sus actos, que su comportamiento, que no deviene en persona por su actividad. Lo es por ser -simplemente- de la especie humana, prescindiendo de la capacidad o no de ejercer determinados actos, ni se reduce a la suma de ellos. Su realidad trasciende sus operaciones, de tal forma que estas forman parte de su personalidad y son del sujeto, pero propiamente no lo constituyen, no son él . La sustancialidad de la persona es unitotalidad física, psíquica y espiritual, de tal forma que es un absurdo pensar en la existencia de un individuo de la especie humana que no sea al mismo tiempo ser humano y persona humana; esta trilogía de conceptos expresan una misma realidad. La individualidad y la racionalidad humana se fundamentan en la forma especial de apropiación del ser. De esta manera, axiológicamente, la persona humana por su constitución, toda ella es un fin en sí misma que exige un respeto incondicionado o inviolabilidad y pasa a ser el filtro y punto de referencia para determinar la licitud o ilicitud de las intervenciones a realizar en ella, si dañan o no el ser personal. La dignidad humana es el centro de esta bioética que puede definirse como bioetica de la sacralidad o inviolabilidad de la vida humana. En esta bioética de la sacralidad de la vida, "no se trata de elegir entre valores excelentes e iguales ó elegir lo menos malo, se trata de jerarquizar la acción biomédica sobre el principio terapéutico, que busca siempre el bien de la persona entera (cuerpo-mente). En síntesis, podríamos describir esta postura de la siguiente manera. En lo ético, esta concepción de la vida humana se apoya en:

a) reconocer que la libertad y la autonomía tienen unos límites, que son el bien de la persona (no sus deseos) en su conjunto como mente y cuerpo. Aquí, radica la dignidad de la libertad humana, en la posibilidad que da el hombre de autodeterminarse al bien de su naturaleza. El primer deber es el respeto a uno mismo en nuestra integridad corporal. La vida es algo anterior a la libertad y que posibilita su ejercicio. Destruir la vida en nombre de la libertad, es estar destruyendo la propia libertad.

b) En el plano antropológico esta concepción de la vida humana permite recobrar la unidad sustancial de la persona humana. El hombre es cuerpo, y la acción en éste, es acción sobre la persona. La intervención pues, sobre el cuerpo tiene que estar guiada a restablecer su finalismo, no se trata por tanto de alterarlo, sino de hacerlo más eficiente y funcional (ecología corporal).

c) La vida humana es inviolable "per se"; no puede entenderse como una realidad con grados de mayor o menor calidad. Las limitaciones normales de la vida humana no deben combatirse en consecuencia a toda costa; siempre que no supongan un obstáculo para la realización de la persona, merecen respeto. Lo valioso no es un organismo sano sino el hombre. Hay que ayudar al enfermo, no mejorar al sano. Debemos, por tanto, respetar la diversidad, como medio necesario para prevenirnos de la dictadura del racismo y la eugenesia, la selección o la discriminación social.

d) Esta concepción, por último, considera a la ciencia al servicio de la verdad y de la persona, de forma que la ciencia se abriría no sólo a saber cómo funcionan las cosas sino a contemplar las cosas en sí mismas. La ciencia necesita de la ética, pues es preciso dirigir nuestras propia capacidad de dominio sobre la naturaleza.".

Sobre estas bases se construyen y justifican los principios de esta bioética que pasamos a continuación a analizar con más detalle. Como se podrá observar la diferencia entre esta propuesta y, por ejemplo, la de los principios, está más que en la formulación de los mismos en la teoría ética y antropológica subyacente que los articula jerárquicamente determinando un mínimo conjunto de actos que pueden considerarse dentro de lo que la literatura ética denomina absolutos morales. Paso a continuación a explicar los principios de esta bioética.

a) El valor fundamental de la vida.

Es claro que una actividad profesional que se encamina o persigue restablecer la salud perdida por una persona, se plantee hasta qué punto aquéllo sobre lo cual interviene debe ser respetado, restablecido o aniquilado. Unapersona debe ser respetada en función desí misma. Esta no es una cosa. Tiene una dignidad, un valor ante el cual sólo me cabe una actitud de respeto. Glosando más esto diríamos que toda persona tiene un valor incondicional y absoluto, por lo que todas las exigencias de su naturaleza (derechos) deben ser respetadas. Decir que toda persona es un bien incondicional y absoluto es indicar que éste no es una "cosa" o un "objeto" del cual se puede uno servir, sino que es siempre y sólo un "sujeto" dotado de conciencia y libertad. El ser humano es, por lo tanto, un valor en sí mismo, y como tal exige ser tratado y considerado. No cabe la utilización o el abuso según intereses o razones. De esta realidad brota como algo necesario la inviolabilidad de la vida humana. Es decir, la imposibilidad de toda acción dirigida de un modo deliberado y directo a la supresión de un ser humano inocente o el abandono deliberado de vidas humanas cuya subsistencia depende y está bajo la propia responsabilidad y control. Esteprincipio personalista implica que todas las dimensiones del ser humano que participan, integran o expresan la dignidad personal son objeto de respeto. Tales dimensiones tienen sentido en el todo de la persona y no pueden ser consideradas como un medio disponible para la maximización de lo útil o lo placentero. El derecho a la vida aparece como el primero y más fundamental de todos los derechos que posee la persona, un derecho que es anterior al respeto de la libertad del sujeto, puesto que la primera responsabilidad de su libertad es hacerse cargo responsablemente ante todo de su propia vida. La vida no es un objeto de consumo, ni algo que tengamos como propiedad, o que podamos quitar o dar a nuestro antojo y deseos, pues de lo contrario detrás de ella maltratamos nuestra persona o la de los demás y negamos nuestra dignidad o la de nuestro iguales. Siempre la vida es algo positivo, lleno de valores y también con dificultades y carencias. En cambio, la muerte es una realidad vacía y negativa, que, cuando es deliberadamente querida para no seguir viviendo, muestra la actitud del que no ha sabido vivir como persona, y cuando ésta ya no le produce sensaciones agradables la desecha en sus inicios o al término de ésta. La dignidad frente a la muerte no viene conferida desde el exterior, sino que requiere una grandeza de ánimo que proviene del alma misma de quien la afronta. La cultura de la muerte es la consecuencia del que no sabe qué hacer con el morir, y en vez de vivir la muerte la acelera. Es un signo más de la tecnificación y la materialización de la vida, de tal manera que se elimina la vida cuando se va agotando o cuando surge inesperadamente una nueva vida sin poderla dominar. Así, el matar se convierte en el signo del que carece de sentido para vivir, mientras que dejar vivir o morir es signo del que conoce un fin para el vivir. Este principio de inviolabilidad de la vida humana o derecho a la vida, precede al derecho de la salud y, ésta, debe ser promovida para todo ser humano según su necesidad.

b) El principio terapéutico de totalidad.

Este principio es capital dentro de la bioética. Anteriormente hemos indicado que el principio de la inviolabilidad de la vida es primero y fundamental. Esto hace que para salvar el todo de la persona (la vida misma) se pueda incidir de una manera mutilante sobre alguna parte del organismo. Lo que concede al todo disponibilidad sobre las partes es la necesidad de asegurar la existencia o reparar o evitar graves y durables daños que no podrían de otra manera ser alejados o reparados. La aplicabilidad del principio está condicionada por la naturaleza del todo, de las partes y de su relación mutua y la necesidad o conveniencia de procurar una mejor condición, existencia o actuación del todo. La parte podrá subordinarse en la medida que sea verdaderamente parte y como tal su ser dependa del todo. De esta manera una parte del todo se sacrifica en bien de la globalidad.Así, un cirujano que extirpe un apéndice está justificado y obligado éticamente por este principio siempre y cuando esa intervención sea necesaria para la salvaguarda del organismo.

En otras ocasiones este principio tiene aparejados fenómenos indirectos, pues a veces, y dada la unidad personal, una intervención quirúrgica, por ejemplo, que viene a resolver un problema concreto, puede suponer a la larga la pérdida de una determinada función del organismo. Su aplicación exige de algunas circunstancias:

a) La intervención esté orientada al bien del organismo sobre el que se interviene.

b) Que se intervenga sobre la parte enferma.

c) Que no exista otro medio de curar la enfermedad y que esa intervención sea necesaria para conseguir el bien de todo el organismo. La necesidad tiene que ser actual en el momento de la intervención.

d) Que haya una probabilidad alta de mejoría.

e) Que haya consentimiento del paciente.

De este principio surge, ulteriormente, la norma de proporcionalidad de la terapia. Según ésta, una terapia debe tener una cierta proporción entre los riesgos y daños que ésta comporta y los beneficios que procura. Practicar una cura desproporcionada o por engaños al paciente, dando la impresión de eficiente, o por complacer su petición sin prever resultados, o por experimentar la terapia sin ventajas para él, puede expresar demostraciones de agresividad y ensañamiento terapéuticos.

c) Principio de libertad y responsabilidad.

Una de las características del ser humano es la de autodeterminarse por decisión propia y en base a un conocimiento racional de los hechos. Esta propiedad se deriva de la propia naturaleza humana y atropellarla supondría una manipulación de ésta. Es evidente que en la relación médico-enfermo existe un entramado de libertades con sus correspondientes responsabilidades en juego. Por un lado está la libertad-responsabilidad del médico frente a la persona del enfermo con sus convicciones e ideas, así, como ante el fenómeno de su enfermedad y la repercusión de ésta en la destrucción de un sujeto que de por sí tiene un valor digno de ser respetado y promocionado; el médico respeta libremente y se compromete responsablemente - o, podríamos decir, consecuentemente - en la defensa y promoción de esa vida. Por otro lado está el paciente, que tiene ante sí la persona del médico con sus convicciones éticas y profesionales, así como la realidad de padecer la enfermedad.

El hombre, desde mi punto de vista, carece de un derecho perfecto sobre su vida y sobre sus miembros. Nuestro dominio es a disponer de nosotros mismos dentro de un orden establecido por el de la inviolabilidad de la vida. La relación entre los componentes del cuerpo humano y la mente no es una relación de propiedad. Los miembros del cuerpo humano son parte y componente del sujeto de derecho, no objeto del derecho. El derecho sobre sus propios miembros es un aspecto de un derecho humano - ajeno a la propiedad -, que es el derecho a ser respetada su integridad y salud. Sólo en función del todo el sujeto tiene capacidad de intervención sobre el cuerpo. Así, para salvar el bien del todo, aunque sea a costa de perder una parte, es un acto de sabia administración que está dentro de las exigencias de la naturaleza, cuando se dan las debidas circunstancias. Al mismo tiempo, el todo puede sacrificar una parte en cuanto que tiene algún dominio sobre ella. En conclusión diría que un enfermo tiene la libertad para conceder o no la intervención sobre su cuerpo pero, y éste es un punto importante, un enfermo tiene la responsabilidad de que su elección esté en consonancia con su propia dignidad y con lo que él es; un propietario de un coche puede hacer lo que quiera con él (hasta ciertos límites), mientras que una persona consigo misma tiene un compromiso de respeto, puesto que ni él se ha hecho a sí mismo ni él se da la dignidad y el valor que tiene. No comportarse de ésta manera puede llevar en ocasiones al autodegradamiento personal, al tratarse a sí mismo por debajo de la propia dignidad que uno posee.

Tal dignidad y significación prohiben atentar contra la integridad psicofísica de la persona, excepto en el caso que lo exija el bien integral rectamente entendido de la persona humana".¿Cómo se articulan estas libertades-responsabilidades y se concretan en criterios éticos? Veamos algunos:

a) El paciente tiene la obligación ética de colaborar en la cura ordinaria y necesaria que salvaguarde la vida de él o de otros .

b) El paciente no puede suprimir su vida en nombre de su libertad.

c) Cuando el médico indica en conciencia la necesidad de imponer una determinada cura, indispensable para salvaguardar la vida de un paciente que la rechaza, debe regularse en derecho el procedimiento en ese conflicto. La dignidad del paciente y su propia vida delimitan el ejercicio de elección del enfermo. Así, a modo de ejemplo de cómo regular esas relaciones se decía en el artículo 31 del código de ética y deontología médica español de 1992 se indicaba "el médico en ningún caso dejará de prestar su atención al paciente que la necesitara por intento de suicidio, huelga de hambre o rechazo de tratamiento. Respetará la libertad de los pacientes y tratará de persuadirlos a que depongan su conducta, aplicando en las situaciones límite, previo requerimiento de la autorización judicial, la imprescindible asistencia médica" como es el caso de los menores de edad o en el actual en el art 9 punto 2 “ el médico ha de respetar el derecho del paciente a rechazar total o parcialmente una prueba diagnóstica o el tratamiento. Deberá informarle de manera comprensible de las consecuencias que puedan derivarse de su negativa”.

d) Cuando esas determinadas decisiones terapéuticas no están en una relación directa con la supervivencia se necesita el consentimiento del paciente. Este consenso no dispensa al médico del deber de informar al paciente sobre cómo evoluciona la terapia y de pedir ulteriormente el consentimiento en intervenciones que pueden ser: curas de riesgo, una terapia extrema como alternativa a la ineficacia de la que se está realizando, una experimentación de un fármaco, etc.

e) Se debe regular la objeción de conciencia del médico en aquellas materias que no tengan referencia directa a la supervivencia del enfermo. A modo de ejemplo, si no es lícito imponerle a un médico que realice un determinado tratamiento que él considera no necesario o dañoso, tanto más será ílicito obligarle, por ejemplo, a la muerte de un inocente.

Como conclusión diríamos que la persona y, en este caso, el bien de su vida está confiado a la responsabilidad del paciente y del médico, no teniendo éste más derechos sobre el paciente que los que determina la dignidad de éste y sus decisiones libremente expresadas. De forma gráfica se podría resumir que el personalismo presupone un modelo para entender la relación sanitario-paciente, semejante a la de un triángulo. En el vértice esta el bien intangible y trascendente de la persona, y hacia ese vértice deben referirse tanto la elección del paciente, primer responsable, como la decisión del sanitario, responsable segundo, pero cualificado. La vida humana es algo intangible que sobrepasa a los dos y que hace insuficiente un simple consenso coincidente entre sanitario y enfermo.

d) El principio de sociabilidad, socialización y subsidiaridad.

Este afecta a cada persona e implica un realizarse de ésta ejerciendo una participación en la realización de otros hombres. En el caso de la promoción y defensa de la vida y de la salud, esto comporta para cada uno el empeño de considerar la propia vida y la de los demás como un bien no sólo personal sino también social. De esta manera, todos estamos involucrados en la vida y salud de los demás, en la ayuda al otro. Toda la sociedad y cada individuo en singular siente como deber primordial la defensa y promoción de la vida y salud de cada una de las personas que la componen. Además los poderes públicos deben poner los medios para garantizar que los medios para conservar la salud lleguen a todos sin discriminación. Se trata de gestionar los recursos con equidad y teniendo en cuenta a los débiles y más necesitados, considerando que la iniciativa social si es autosuficiente y no genera injusticias debe no ser sólo tolerada sino alentada y respetada. Los poderes públicos deben guiar su acción en la búsqueda del bien común, que tiene que respetar los derechos de la persona, que son anteriores a los de la sociedad o el estado. El bien común no es el de la mayoría o el de los más poderosos.

Este principio permite aclarar y dar criterio a muchas situaciones, desde aspectos generales y organizativos como la asistencia estatal sanitaria, o la donación de órganos y tejidos, hasta la presencia de numerosas iniciativas sociales para dar diversos tipos de servicios sanitarios.

FIN



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pacorro

pacorro dijo

"¿Cómo puedo jerarquizar unos principios, si no sé que tipo de valor tiene la realidad sobre la que actuo, o evito contestarme tal pregunta?."

No, no creo q haya q evitar la pregunta. El valor de la realidad es total. No entiendo xq haya q jerarquizar unos principios. Quizás a cada situación de lo real se le pueda o haya que aplicar un principio; esto no resta importancia o suma importancia a otros que se deberán aplicar en diferentes casos. Por ejemplo, yo ando ahora muy pensativo sobre la FarmacoEconomía: Creo q faltan muchísimos estudios sobre este particular si comprobamos que la Industria Farmacéutica es de las más poderosas del planeta. Bien, en este caso habría q aplicar el principio de (creo por lo q leí) de: Sociabilidad, socialización y subsidiaridad.

Veamos un caso práctico q se pude dar en el Estado Español: El paciente la paciente que piensa que la medicina especializada por aparatos supera a la medicina interna o de cabecera. Y carga su vademecum de todos aquellos fármacos más caros y más modernos que cada uno de los especialistas ha prescrito. De aquí resulta una polimedicación que de entrada supone un riesgo teórico, pero el/la paciente no sólo lo asume ya que considera que el especilista sabe más que nadie de lo suyo...Sino que lo exige. Y sale de la consulta con recetas para 1 mes quizás por valor de 200 euros. El Sistema Nacional de Salud lo permite. Podrían haberse indicado genéricos pero la paciente exige marca; y podía haberse pospuesto la introducción de alguno de ellos paulatinamente hasta comprobar la tolerancia de los otros. Pero nada de eso puede hacer el médico de familia/cabecera actual sin que tal paciente acuda a las oficinas y ponga una reclamación o una denuncia. ¿Es esto un problema ético? Yo creo que sí. Sabemos desde hace muschos años que los recursos son limitados. Pero parece q sólo lo recuerdan unos cuantos. Gracias por la atención.

18 Agosto 2007 | 09:13 AM

Juan Pablo

Juan Pablo dijo

qUE BUENA PÁGINA PERO SERIA MEJOR SI CONSTA EL NOMBRE DEL AUTOR DE LOS ESCRITOS.

30 Mayo 2008 | 11:04 PM

Alfredo Benavides

Alfredo Benavides dijo

Recien me encontre esta maravillosa pagina, soy profesor de Bioetica en Lima Peru, hice el masterado con don Diego Gracia en Lima. Los articulos me parecen de primera, este es un material que debemos compartir en vista de que la Bioetica recien esta desarrollandose en mi pais el Peru y estoy seguro que la mayor parte de paises de America Latina estan igual que nsootros pese a que historicamente los lideres de opunión tienen casi dos decadas, la mayor parte de paises a traves de sus estados estan ya involucrandose.

27 Diciembre 2008 | 06:35 PM

yesid yonefer

yesid yonefer dijo

soy un joven estudiante de colombia, y esto de la biética hasta hoy era un misterio para; mi gracias por esta informacion esta de pelos, aun no me ubico muy bien en la idea central de esta ciencia pero ya se me aclararon muchas dudas. GRACIAS nuevamente.

7 Octubre 2009 | 05:37 PM

Patita Mancero

Patita Mancero dijo

Realmente la bioetica me parece demasiado interesante, sobre todo también necesaria para mi carrera. Gracias por despejarme dudas, es muy interesante

20 Noviembre 2009 | 01:26 AM

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